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9.7.15

Reflexión: Prohibido Sentir

Hoy no os traigo un poema, os traigo una reflexión, una de las muchas que se me pasan por la cabeza pero que nunca publico, o que convierto en poesías.


   Pueden intentar convencerme de que ciertas cosas son correctas, son reales, son necesarias. Pueden intentar acabar con mi moral y enterrar esta alma que siente y palpita cada segundo con cada crueldad y con cada pena ajena. Pueden intentar robar mis sentidos para que cuando me pellizquen no sienta nada.
 Si maltratan a un animal, es fiesta y es costumbre y es digno de admirar. Si prefiero que el toro mate al torero, entonces soy una persona ingrata y merezco la peor de las condenas. Yo. Yo merezco eso por sentir empatía por un animal que, estando tan tranquilo, es sacado a pasear para torturarlo sin razón, sólo por beneficio de los que se ganan la vida asesinando legalmente.
Y ahí está la doble moral, como habréis escuchado antes. Todas aquellas personas son, precisamente, las que no apoyan el aborto, porque resulta que según ellos, se está matando una vida. ¿Acaso un animal no tiene vida? O vale su vida más que otra o esto es peor que el circo romano.

Y me preocupa que una pareja de veinte años casi mate a su bebé de 28 días a golpes, porque un bebé no puede llorar, aunque sea innato y necesario. Y si propongo una ley para evaluar las capacidades psicológicas de las personas para saber si están en condiciones de tener un hijo, me miran asombrados y desorientados. No. No es correcto que maltraten tampoco mi mente por querer buscar un mundo más justo a partir de pequeños avances.

Tampoco puedo ayudar a un indigente en la calle porque se merece estar donde está. Ni amar a una mujer, o a un hombre y una mujer a la vez. No. Ni puedo hablar porque mis palabras dañan al que hace daño físicamente, y a los que controlan todo esto que dicen llamar 'democracia'. Todo eso es condenado. Yo soy un ser que está vivo, que no sabe ocultar sus emociones, porque los seres vivos están compuestos de ellos.

Y como siempre, los malparados no son los marginados por una sociedad estrecha, sino también aquellos que desean ser como nacieron: libres y completos. Y ahora nos intentan cortar por la mitad para que no podamos más que respirar su aire contaminado de bacterias caníbales.

Resulta que sentir está penado, ayudar está penado, proteger está penado, y amar también.


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